
Salí de sunny Sydney con sentimientos encontrados. Por un lado con alegría, con mucha adrenalina de la aventura que estaba por vivir, pero por el otro lado, con el corazón roto. La verdad, no pensé que iba a ser tan duro dejar Oz, pero lo fue.
Al salir del aeropuerto me sorprendió la cantidad de autos último modelo que circulaban. ¿Donde estaban esos autos americanos de los 50´ que tanto había visto en fotos y películas? El chofer que me llevó a la casa particular en centro Habana donde me iba a hospedar me explicó que el gobierno de Fidel Castro tiene acuerdos comerciales con ciertos países para importar estos autos. Obviamente, sólo llegan a disfrutar estos 0 km gente del gobierno y, por supuesto, los taxis último modelo controlados por Castro.
Luego de un largo viaje hasta Los Angeles, que incluyó una visita express al Museo Getty, pasando por Costa Rica donde me mojé de pies a cabeza en el río Pacauré haciendo rafting (mejor experiencia lejos), llegué al aeropuerto internacional José Martí. Luego de planear el viaje por casi dos años, por fin pisé La Habana.
La isla me recibió con el cielo gris. Asustaba la tormenta que se venía, pero apenas fue una suave llovizna; tormenta tropical supongo.
La isla me recibió con el cielo gris. Asustaba la tormenta que se venía, pero apenas fue una suave llovizna; tormenta tropical supongo.

La mayoría de los pobres cubanos, digo pobres porque viven bajo un régimen autoritario que quiere implementar la igualdad entre sus ciudadanos y en muchos casos esa igualdad no existe, se transporta en autos que se caen a pedazos y en los camellos atestado de pasajeros (colectivos sólo para cubanos: la parte delantera es una caja de camión y la de atrás es tipo un tráiler largo cerrado). Viajan mucho peor que la gente que toma un subte en Capital Federal en hora pico a las 6.00 de la tarde!
Toqué timbre en la casa particular donde había hecho reserva y me atendió por el balcón la mucama del lugar. ¿Mucamas en Cuba?. Por suerte me esperaba una pieza prolija y una familia muy atenta que me iba a albergar por los próximos días.
Antes de viajar a Cuba, leí de pi a pa el Lonely Planet, estaba bien al tanto de todo. Por eso me sorprendió cuando la familia de la casa particular se sentó esa tarde a mirar en directo una novela de un canal de Miami, ¿what the f...?, pensé! ¿Un canal norteamericano en Cuba?

Antes de viajar a Cuba, leí de pi a pa el Lonely Planet, estaba bien al tanto de todo. Por eso me sorprendió cuando la familia de la casa particular se sentó esa tarde a mirar en directo una novela de un canal de Miami, ¿what the f...?, pensé! ¿Un canal norteamericano en Cuba?
Entre charla y charla con la señora de la casa (olvidé el nombre), me contó que el marido hablaba ruso. Años atrás había sido intérprete y según deduje, había trabajado para el gobierno cubano.
Si pensé...volví a caer en la triste realidad latinoamericana donde existen los acomodos de todo tipo para gente que tiene llegada al poder. Después de vivir tantos años en un país del primer mundo donde los acomodos no son tan visibles a los ojos, me sorprendieron la mucama, el canal de Miami en una casa común y corriente de La Habana y el viaje con permiso a Canadá.
Pensar que a unas pocas cuadras de allí, había gente que estaba haciendo cola de más de una cuadra para comprar un cacho de pan que era para lo único que les alcanzaba.
Pensar que a unas pocas cuadras de allí, había gente que estaba haciendo cola de más de una cuadra para comprar un cacho de pan que era para lo único que les alcanzaba.

A diferencia de los camellos, existen las guaguas para que los turistas recorran la ciudad (colectivos comunes). Mi intención era recorrer la ciudad a pie, y así fue, gasté las suelas de mis zapatos!
Entre la comida que no me cayó muy bien y las largas caminatas que hice, bajé unos cuantos kilos (que enseguida recuperé con la comida casera de mi vieja en Argentina). Es por eso que no pude disfrutar de un mojito en el Bar "La Bodeguita del Medio", que solía frecuentar el escritor Ernest Hemingway.
Entre la comida que no me cayó muy bien y las largas caminatas que hice, bajé unos cuantos kilos (que enseguida recuperé con la comida casera de mi vieja en Argentina). Es por eso que no pude disfrutar de un mojito en el Bar "La Bodeguita del Medio", que solía frecuentar el escritor Ernest Hemingway.


Una de las cosas que más disfruté de Cuba es el buen humor de su gente, siempre tenían una sonrisa para compartir. Música se escucha por donde camines, desde las ventanas o puertas abiertas o con el grabador en la calle, regatón y hasta algo de los hermanos argentinos Pimpinela sonaba.
De La Habana partí en colectivo para Santa Clara, ciudad emblemática si las hay ya que allí descansan los restos del Che Guevara y donde dirigió su más importante operación militar en la isla. Acá también me hospedé en una casa particular, demás está decir el buen trato que recibí por parte de la familia.
Apenas llegué a Santa Clara dejé el bolso y fui caminando hasta la Plaza de la Revolución Ernesto "Che" Guevara, donde está el mausoleo con los restos del guerrillero. El museo en la plaza es muy interesante pero no tiene más que eso. En si, no hay mucho más para hacer en Santa Clara.
Apenas llegué a Santa Clara dejé el bolso y fui caminando hasta la Plaza de la Revolución Ernesto "Che" Guevara, donde está el mausoleo con los restos del guerrillero. El museo en la plaza es muy interesante pero no tiene más que eso. En si, no hay mucho más para hacer en Santa Clara.
En mi segundo día tomé un taxi y fui hasta Caibarién para disfrutar un poco del día de sol al lado del mar y a la vuelta paré un rato en el pueblito de Remedios. Caminé unas cuantas manzanas para sacar fotos.

Otras que pasan hambre son las solitarias vacas cubanas, muchas no hay y las pocas que andan dando vuelta por ahí, están tan flacas que a 5 kilómetros de distancia se distinguen sus costillas. Mucha carne no se come en Cuba y según el taxista es porque se exporta. Por las pocas vacas que vi, mucha carne no tienen para exportar!

No hacia mucho calor pero igual me metí al mar ya que el agua estaba templada, nada que ver con las frías aguas de Sydney.
Mi próxima parada fue Trinidad, ciudad Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988. Demás está decir lo hermosa que es: las casas tienen una arquitectura colonial con calles angostitas de adoquines parecidas a las calles de San Telmo en Buenos Aires. La ciudad parece detenida en el tiempo. Tiene una muy buena feria de artesanos donde se puede comprar artesanías a muy buen precio.

La última noche en La Habana fui a cenar al barrio chino. Tenía intenciones de comer un buen plato de pasta y me dijeron que ahí había un par de restaurantes italianos. Pedí spaghetti con tuco pero terminé comiendo fideos de arroz de los que se usan para hacer el wok con vegetales, que encima venia con una salsa de tomate directamente de lata sin gusto. No era ni un plato asiático ni italiano, invento cubano quizás. Cuba ciertamente no se destaca en el arte culinario.
Home sweet home...
Después de unas intensas semanas en la isla del Che, arribé en Ezeiza y me fui derechito a Retiro para tomar el primer colectivo a Venado.
Si bien disfruté el viaje, Cuba me dejó un sabor algo agridulce. No se si fue porque no era el momento adecuado emocionalmente para hacer un viaje sola o si me afectó el hecho de que sus habitantes tengan que vivir encerrados en la isla sin opción a otra vida; privados de la libertad de elegir. Tal vez fue un mix de los dos.
Será que mi alma disfruta de la libertad de expresión, opciones y de viajar sin restricciones.
Quise conocer Cuba antes que Fidel diga adiós...objetivo cumplido. Seguro voy a volver, espero que en esa oportunidad sea en una Cuba más libre.
Después de unas intensas semanas en la isla del Che, arribé en Ezeiza y me fui derechito a Retiro para tomar el primer colectivo a Venado.
Si bien disfruté el viaje, Cuba me dejó un sabor algo agridulce. No se si fue porque no era el momento adecuado emocionalmente para hacer un viaje sola o si me afectó el hecho de que sus habitantes tengan que vivir encerrados en la isla sin opción a otra vida; privados de la libertad de elegir. Tal vez fue un mix de los dos.
Será que mi alma disfruta de la libertad de expresión, opciones y de viajar sin restricciones.
Quise conocer Cuba antes que Fidel diga adiós...objetivo cumplido. Seguro voy a volver, espero que en esa oportunidad sea en una Cuba más libre.
Texto y fotos Katherine Gallo